En México, más de un millón de menores de 17 años no asisten a la escuela: Coneval

En México, tres de cada cuatro alumnos del sistema de educación básica toma clases en escuelas que no reúnen las condiciones adecuadas: 70% de los planteles no tienen los servicios básicos –uno de cada tres no recibe agua todos los días–, 20% no tiene mobiliario básico y 15% no está construido con materiales duraderos, destacó hoy el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

De acuerdo con el Estudio Diagnóstico del Derecho a la Educación 2018, que publicó el organismo, más de un millón de menores de 17 años –una cuarta parte de ellos de entre tres y cinco años– no asisten a la escuela porque sus familias viven con ingresos inferiores a la línea de pobreza extrema.

En comparación con estándares internacionales, México destina pocos recursos a la educación y su gasto por alumno es “significativamente menor” que el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), además de que tiene demasiados alumnos y profesores mal capacitados y mal pagados. También cuenta con programas mal diseñados y demasiado cargados, que a menudo se entregan tarde a los docentes, sobre todo en las escuelas indígenas.

Si bien hubo mejoras desde los años 70, el 5% de la población mexicana todavía es analfabeta, mientras que 57% de los hogares presenta “algún grado de pobreza educativa”, y más de una cuarta parte de la población de Chiapas, Michoacán, Oaxaca, Veracruz y Guerrero sufre carencias educativas.

Según el estudio, no es coincidencia si estos estados también presentan las peores condiciones de infraestructura para el estudio, las más altas tasas de deserción escolar y las peores tasas de pobreza y pobreza extrema.

El Coneval mostró que el decil de hogares más pobres del país sufre una tasa de rezago educativo 10 veces superior al del decil más rico, y una tasa de analfabetismo 15 veces más importante que los hogares más adinerados. De igual manera, planteó que 544 mil indígenas de tres y 17 años –equivalente a 13.7%– no asisten a la escuela.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los países de América Latina deberían invertir por lo menos 20% de su presupuesto público total en la educación; sin embargo, en 2016 el Estado mexicano solo destinó 18.7% de su gasto en ese rubro.

Esta falta de presupuesto se ve reflejada en todos los aspectos de la educación pública, y desemboca en un nivel general “bajo” de los alumnos mexicanos en las pruebas de dominio de los conocimientos y habilidades, que se evalúa mediante las pruebas PLANEA (sólo 18.8% de los alumnos de educación media superior tuvieron resultados suficientes en matemáticas) y PISA (donde solo 0.6% de los mexicanos tuvo un nivel excelente en al menos una de las tres asignaturas, contra 15.3% en la OCDE).

“En contraparte, la proporción de alumnos con bajo rendimiento en las tres asignaturas en México es de casi el triple que en el promedio de los países de la OCDE: 33.8% contra 13%. Estos resultados ubican a México en el último lugar de los países miembros de la OCDE, y el número 58 de un total de 71 naciones que fueron consideradas para la evaluación”.

Así, hay 34 alumnos de secundaria por cada profesor, una ratio tres veces superior a la de la OCDE, mientras que la falta de personal docente obliga a prácticamente la mitad de los directores de primaria y secundaria a dar clase, con lo que desatienden las funciones administrativas propias a sus cargos.

Además, una cuarta parte de los docentes de secundaria y 12% de los profesores de educación media superior no contaban con título de estudios de nivel superior en 2015, y 40% de los profesores no habían terminado programas de capacitación.

Más de la mitad de los docentes evaluados en el marco de la polémica Reforma Educativa no obtuvo el resultado idóneo y la mitad de los maestros de las escuelas indígenas no tienen grado de licenciatura.

En las asignaturas de lenguas indígenas, la desatención es evidente: 25% de los alumnos no tiene libro, siete de cada diez no reciben el libro que corresponde a la variante de su comunidad, mientras 11% de los casos tienen un libro que no corresponde a la lengua de su comunidad.

En materia de infraestructura, la mayor parte de los 226 mil 188 planteles de educación básica tiene severas carencias: 33% no tiene servicio sanitario, 34% no cuenta con energía eléctrica; apenas 19.5% tiene bebedores, y más de 5 mil escuelas ni siquiera tienen agua.

Y no sólo esto: una tercera parte de las escuelas se encuentran en un inmueble no construido ni adaptado para fines educativos, cuatro de cada diez escuelas básicas no tienen Internet, la mitad no cuenta con computadoras, 65% no tiene canchas, 83% no tiene biblioteca y solamente 62% tiene pizarrón. En cuanto a laboratorios de cómputo, menos del 1% de las escuelas de primaria y secundaria cuenta con estas instalaciones.

“La evidencia mostró que las escuelas comunitarias presentan los mayores retos para garantizar el ejercicio pleno del derecho a la educación, ya que éstas ofrecen menores niveles de infraestructura y su personal tiene menor nivel de instrucción en comparación con otros servicios (son atendidas en su mayoría por jóvenes instructores egresados de secundaria o bachillerato), además de que todas las escuelas comunitarias son multigrado, lo que implica grupos heterogéneos en edades y grados escolares”, deploró el Coneval.

Y resaltó la necesidad de realizar un nuevo censo de las escuelas y la infraestructura escolar, pues miles fueron dañadas durante los terremotos que sacudieron las regiones centro y sur del país en septiembre de 2017.

La percepción de la mala calidad de la educación en el sistema de educación pública lleva a cientos de miles de hogares a inscribir a sus hijos en escuelas privadas: hay 400 mil alumnos más en escuelas privadas de educación media superior que en secundarias, y en el inverso hay 2 millones de alumnos menos en escuelas privadas de educación media superior que en secundaria.

Lo anterior, según el Coneval, responde a una búsqueda de los padres y alumnos de una mejor calidad educativa, con el objetivo de tener mayores posibilidades de ser admitidos en una universidad.

Según el estudio publicado hoy, más de 825 mil niños tardan más de 30 minutos para llegar a la escuela preescolar y primaria –una tercera parte de ellos van caminando a la escuela–, y otro medio millón de jóvenes necesitan más de una hora para acudir a su plantel de secundaria o escuela de educación media superior.

Finalmente, el documento también señala la responsabilidad de ciertos profesores en la deserción escolar: “Las bajas expectativas y estigmatización de los docentes respecto a estudiantes que se muestran con mayores dificultades para aprender, de conducta o disciplina, configuran relaciones tensas y desconfiadas entre unos y otros, lo que ayuda a no encontrar sentido a asistir a la escuela y contribuye en la pérdida de motivación y confianza en las propias capacidades de los estudiantes”.

Fuente: Proceso