Transición en crisis

La transición política en los poderes Legislativo y Ejecutivo tienen un elemento en común: La crisis política, que pone en peligro la gobernabilidad del Estado de Morelos y en consecuencia, su estabilidad social y económica.

A cuatro días de que se materialice la alternancia en el Poder Legislativo (primero de septiembre), es evidente que este proceso va a quedar envuelto en una grave crisis política, no sólo por la actuación de los legisladores que ya se van, sino por las inexplicables diferencias que existen entre los diputados que llegan.

Es innegable que la legislatura de Julio Espín, Hortensia Figueroa, Jaime Álvarez Cisneros y compañía, ha sido igual de peor que la LI Legislatura local, en la que también aparecieron esos tres diputados y otros pillos como Jorge Arizmendi, dueño de la Univac y Amado Orihuela.

Estos legisladores concluyen su gestión en medio de escándalos de corrupción, de excesos, de reformas constitucionales a modo, de una falta de credibilidad y un imperante desprestigio social, que por sí mismo son una crisis heredada a la nueva legislatura local.

Si a esto le sumamos que la nueva correlación de fuerzas y las confrontaciones que ya se están generando entre los diputados aliados dentro de la coalición “Juntos Haremos Historia”, generan una propia crisis, entonces estamos frente a signos de ingobernabilidad que a nadie conviene porque el Estado podría convulsionarse mucho antes de que concluya el 2018.

De acuerdo a la composición de la nueva Legislatura, serán ocho fuerzas políticas que la integren: PAN, PRI, PRD, PT, MC, PSD, Morena y PES. De esos ocho partidos políticos, sólo tres de ellos podrán conformar grupos parlamentarios: Morena con siete diputados, PT, con 3 y PES con otros 3 diputados, en caso de que en realidad se integre a esta bancada el diputado, Andrés Duque Tinoco.

Sin embargo, de esas ocho fuerzas políticas y de los tres grupos parlamentarios, sólo la bancada de Morena conformada por siete legisladores, podrá tener el control casi absoluto del Congreso del Estado, pues será el único partido con posibilidad de conducir la Junta Política y de Gobierno durante los tres siguientes años.

Y es que en la Ley Orgánica del Congreso del Estado existe un duro candado jurídico, que consiste en limitar, para la conducción de la Junta Política, a grupos que no cuentan con el 20 por ciento de diputados del total de los integrantes, equivalente a 4 legisladores. Como se puede observar ni el PT ni el PES alcanzan esa condición política.

Incluso, entre Morena, el PT y el PES, supuestos aliados naturales, podría rolarse la presidencia de la Mesa Directiva. Sin embargo, las diferencias entre unos y otros han propiciado una crisis dentro de las crisis. Es lamentable que se vaya una legislatura en medio de una crisis y llegue otra con su propia crisis.

Los diputados electos de la coalición “Juntos Haremos Historia”, ganaron con contundencia las elecciones el pasado primero de julio. Incluso lo hicieron de manera histórica y de hecho, el número de votos alcanzados les dieron la suficiente legitimidad social y política.

Sin embargo, las marcadas diferencias entre unos y otros, la lucha encarnizada por el poder y el control político del Congreso local, los han sumergido en confrontaciones estériles y en su inminente autodestrucción. Ganaron, pero lamentablemente están hechos bolas, divididos y bajo intereses extraños.

Los siete u ocho diputados de Morena, tienen todavía un margen reducido de tiempo para recomponer el rumbo. Hasta el momento, el visible coordinador del grupo parlamentario de Morena, Javier García (El Gato) no ha mostrado el liderazgo que se esperaba, por el contrario ha fomentado la confrontación interna.

Esto obliga a los morenistas a replantear los acuerdos y a consolidar la alianza “Juntos Haremos Historia”, de lo contrario, la reducida oposición conformada por los cinco diputados restantes del PAN, PRD, PRI, MC y PSD, podrían construir acuerdos con fuerzas políticas adyacentes y con intereses de generarle contrapeso a Morena.

Otra previsible crisis es la que se está viviendo en la transición en la alternancia del Poder, entre el gobierno del PRD, de Graco Ramírez y el que Cuauhtémoc Blanco del PES. No hay una sana coordinación para el proceso de entrega-recepción del gobierno y el tiempo se está agotando.

El gobierno fallido de Graco Ramírez cayó en una crisis política durante los últimos cuatro años; crisis que se podría extender más allá del inicio del gobierno de Cuauhtémoc Blanco (primero de octubre).

No hay voluntad política de parte del gobierno de Graco Ramírez y no hay disposición de parte del equipo de Cuauhtémoc Blanco, por lo tanto es previsible que la entrega-recepción en el gobierno local, se frustre.