Que Dios nos agarre confesados…

La máxima que en el ambiente judicial asegura que “el que acusa está obligado a probar”, se podría aplicar en la grave acusación realizada por el obispo de Cuernavaca, Ramón Castro y Castro,  sobre la presunta extorsión que, autoridades del gobierno y políticos sin vergüenza y oportunistas, hicieron para que se “mochara” con el 30 por ciento de la millonaria inversión que el Gobierno de la República destinó para el rescate y restauración de la Catedral de la capital del estado.

Así lo dijo abiertamente el prelado, quien no quiso revelar los nombres, por cuestiones de seguridad y evitar posibles represalias, de los presuntos responsables que le pidieron se “mochara con el 30 y 40 por ciento” de los 75 millones de pesos obtenidos del Programa de Aportaciones Federales para Municipios del Ramo Once.

La denuncia hecha por monseñor Castro y Castro dejó estupefactos e impávidos algunos actores políticos asistentes, el pasado domingo, al arranque de las obras de restauración y rescate de este monumento histórico, considerado por la UNESCO como Patrimonio Histórico de la Humanidad.

Las palabras del religioso, en el acto realizado en el atrio de la Catedral,  después de haber oficiado la misa dominical, despertó de inmediato la sospecha y el sentimiento de culpa entre los que se sintieron aludidos por haber  “lanzaron la piedra y escondieron la mano”.

De inmediato, y a manera de deslinde, el diputado federal del PRI, Matías Nazario Morales, a quien se atribuye haber gestionado y conseguido el recurso que gestionó desde el Congreso de la Unión ante el gobierno federal, se desmarcó al asegurar que el dinero se obtuvo con absoluta transparencia y se aplicará en los tiempos establecidos a través del Ayuntamiento de Cuernavaca.

Con lo antes expuesto, ante los representares de los gobiernos federal, estatal y municipal, así como los actores políticos, así como líderes de organizaciones sociales, Matías Nazario se quitó cualquier señalamiento o insinuación hacia su personal y pasó el balón hacia la cancha de la comuna capitalina que encabeza el ex futbolista Cuauhtémoc Blanco Bravo, quien no asistió y envió en su representación a José Manuel Sáenz, al que parecía que la Virgen María le hablaba.

No obstante, entre los “malosos” que dicen conocer este escándalo se especula que la pedrada lanzada por el Obispo de la Diócesis de Cuernavaca, fue dirigida hacia Palacio de Gobierno, conocida hoy como la Casa Morelos del gobernador Graco Ramírez.

Según las lenguas viperinas, ahí podría esconderse, en alguna oficina de gobierno del segundo piso, los o la responsable de la extorsión o proporción indecorosa que se hizo al jerarca católico, quien destapó la cloaca con esta grave denuncia dominguera, por la que pedimos a Dios “los agarre confesados”.