La crisis en la UAEM

La Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) atraviesa por una crisis que tiene sus orígenes en la política macroeconómica que pretende hacer de la educación pública una mercancía y en el consenso entre las cúpulas de nuestro país de que la población puede sobrevivir con tres mil pesos al mes y que incluso le alcanza para pagar colegiaturas.

Pero también en la política de asedio que Graco Ramírez que sólo fue a la universidad pública para ser oreja de Gobernación durante el movimiento estudiantil y popular de 1968. El tabasqueño ordenó la inhumación clandestina de centenas de cuerpo sin identificar y no le gustó que la UAEM denunciara esa violación a los derechos humanos de las personas.

Así que ahora sabemos que instrumentó desde el inicio una política para no entregar el recurso completo que le correspondía, pero a partir de la denuncia de las fosas, a finales de 2015, la estrategia cambió y apostó por el exterminio de las autoridades universitarias de ese momento y de la propia máxima casa de estudios.

Hay que tomar en cuentas algunos antecedentes. Para empezar, a pesar de que el Congreso aprobó el sistema de pensiones y jubilaciones a mediados de los años 60, ni el gobierno del estado ni el federal aportan un solo peso al presupuesto para ello. Así que al momento de la aprobación del sistema no había personal en condición de jubilarse, con el paso del tiempo el número de retirados es tal que hay momentos en que el pago de este rubro representa una cantidad similar a la de la nómina de los activos.

La otra cosa es que el gobierno federal sólo paga 40 días de aguinaldo al año, mientras que en Morelos, desde el sexenio de Lauro Ortega Martínez, los burócratas y servidores públicos cobran 90 días de aguinaldo al año. Así que los 50 días restantes, deben salir de algún lado, porque el gobierno estatal no aporta recursos para ello tampoco.

Sólo con esos dos rubros el déficit comienza a crecer y para poder pagar a finales de 2016 se tuvo que abrir un hoyo en el presupuesto de 2017 y lo mismo para 2018. Si a ello le sumamos que durante los pasados seis años, la UAEM duplicó y más el número de estudiantes de bachillerato, licenciatura y posgrado, lo que no está considerado en el número de horas clase y profesores que tiene reconocidos la Secretaría de Educación Pública (SEP). Así que ahí también hay un desajuste en las finanzas.

Ahora bien, los malos manejos de los que se habla, los desvíos de recursos, son recurrentes en las universidades públicas estatales, porque hay rubros que se pagan en ellas para los cuales no existe presupuesto destinado. Así que los rectores tapan un hoyo con recursos que dejan otro u otros agujeros. Las evidencias que son ventiladas por la Auditoría Superior de la Federación son verdad, en muchos de los casos, el problema es que ese órgano fiscalizador sólo hace públicos los pliegos de observaciones, pero no nos informa sobre las respuestas que dan los organismos señalados.

No justifico lo que ocurre. Sólo le informo lo que sé del déficit. En el fondo, hay una política de exterminio de la educación pública y como hoy ya publican muchos medios, Graco Ramírez implementó una estrategia para desaparecer a la UAEM. Eso lo estamos viendo ahora y es claro que el movimiento huelguístico se requería hace tiempo. Saludo el esfuerzo de miles de trabajadoras y trabajadores universitarios que todos los días llevan a cabo sus guardias. Saludo los esfuerzos de los estudiantes que dignamente se han solidarizado con sus compañeros universitarios.

La pelota está en la cancha de Cuauhtémoc Blanco y por supuesto de Andrés Manuel López Obrador. Si le digo una cosa, la UAEM y su circunstancia, es un laboratorio de lo que podría pasar con las demás universidades públicas estatales en el país. Todo ello en medio de una propuesta del nuevo gobierno federal de crear nuevas universidades, ojalá que ello no implique el debilitamiento de las que ya existen sino su fortalecimiento.