Morena ¿el nuevo viejo PRI?

Las ya de por sí cuestionables adhesiones al partido que fundó el ahora presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, que en su momento representaron al ala más autoritaria, antidemocrática e inmoral del PRI, en los comienzos de su agonía como partido hegemónico, se vea ahora doblemente cuestionada cuando el proceder de Morena de cara a la renovación de sus dirigencias nacionales y en los estados de  la República ha entrado ya en una fase que mira hacia su descomposición, el juego sucio y la ilegalidad.

Como sea, Morena y López Obrador han podido hasta ahora sortear el vendaval de críticas por no sólo no investigar, no someter a juicio, sino incluso haber integrado a importantes cargos de gobiernos a personajes de pésima fama política. Aunque, usted lo sabe hay varios, el más claro ejemplo, aquel que resulta icónico en el nivel federal es el otrora salinista Manuel Bartlet Díaz, autor intelectual de la famosa “caída del sistema” que fue la estrategia para arrebatar el triunfo electoral a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Mucho se ha dicho que buena parte de los más altos cargos, de las personas públicamente más cercanas a López Obrador y con mayor influencia en Morena provienen de aquella clase política priista que se distinguió por el abuso de poder en beneficio propio, el enriquecimiento, el tráfico de influencias, el combate contra las organizaciones y líderes democráticos, progresistas y liberales. Y sobre todo, por la utilización con fines electorales de los recursos del Estado, es decir de los impuestos que pagamos los mexicanos.

Lo que en su momento, hace muy pocos años, se fundó bajo el lema de “La esperanza de México”, Morena, parece que hoy demuestra no ser más que el nuevo viejo PRI. No sólo por perfilarse como una aplanadora electoral, que si pone a un burro como candidato a cualquier cargo de representación seguramente ganará, como ya sucedió en las pasadas elecciones donde muchos, pero muchos de los candidatos que ganaron fácilmente podrían ser superados intelectualmente por un mono amaestrado. Y claro que ese mono posiblemente también tendría mayores cualidades morales y un mejor desempeño deontológico.

Si a eso le sumamos que cada vez son más frecuentes las acusaciones sobre posibles desvíos de fondos públicos y su utilización con fines electorales, la amenaza a los beneficiarios de los programas sociales de que si no se afilian y apoyan a quien se les imponga en Morena serán dados de baja y la simulación de que toman cartas en esos asuntos para corregirlos, pero en la práctica no se hace nada, pues sí, tendríamos ya completas las características del viejo PRI en el poder, pero ahora encarnadas en Morena, sus dirigentes y en sus funcionarios públicos.

Será entonces que, como ya se ha comentado con anterioridad, ¿Morena es el nuevo viejo PRI?

Para iniciados
A unos veinte días de que se cumpla el primer año, en la práctica de gobierno, de José Manuel Sanz Rivera, como jefe de la gubernatura formal de Cuauhtémoc Blanco, las oficinas administrativas, los encargados de los números y los datos andan vueltos locos tratando de que Sanz pueda entregar buenas cuentas, que de suyo ya está como que casi inalcanzable. Suman, restan, comparan y revuelcan estadísticas para que parezca que ha habido un buen ejercicio de gobierno. A estas alturas ya poco importa cómo presenten los supuestos logros de la actual administración. Al menos por este año muy pocos creerán que lo que les informan es cierto, que es verdadero. O hace Blanco Bravo un viraje de estrategia, auténtica elaboración de políticas públicas, cambio de funcionarios y de modelo de comunicación institucional o corre el riesgo inminente de quedar estigmatizado como un mal gobernante por el resto de lo que dure su mandato.