Los primeros saldos negros de Graco

Ya lo sabíamos. Ya lo habíamos dicho. Lo denunciamos permanentemente mientras ocurría ese desastre que algunos llamaban “gobierno”. Graco Ramírez ha dejado una estela de saqueo y destrucción a su paso por Morelos. Los primeros indicios están a la vista: irregularidades y adeudos en obras públicas, desabasto de medicamentos en los Servicios de Salud, desorganización e ineficiencia en seguridad pública, para empezar.

¿Y dónde está Graco? Se preguntan en las redes y en las calles. En la última retahíla de mentiras que nos aderezó públicamente, en el video y el tsunami de tuis de las últimas horas de su gobierno, aseguró que se quedaba en Morelos, porque deberíamos estarle agradecidos por todo lo que hizo por nosotros. Es muy probable que el tabasqueño haya puesto tierra de por medio desde el 16 de septiembre.

Algunos señalan que estaría en el país, en un lugar donde le pueden garantizar impunidad, donde la policía le asegure poder escapar en caso de alguna acción de la justicia a nivel federal. Esto apuntaría al estado de Quintana Roo, donde gobierna un personaje que fue impulsado por la coalición que Graco se preocupó por conformar, pero también donde dieron trabajo hace poco a quien fuera su jefe de policía favorito, Jesús Alberto Capella Ibarra. Además, la península de Yucatán, es un buen trampolín para brincar a Estados Unidos, Centro y Sudamérica y Europa.

En todo caso, el gran problema no es dónde encontrarlo.  Si Miguel Ángel Yunes pudo dar con Karime Lozano de Duarte, Cuauhtémoc Blanco Bravo seguro daría con Graco Ramírez, con Elena Cepeda o con Rodrigo Gayosso. El problema más bien es cómo conviertes las denuncias públicas en denuncias penales bien sustentadas que obliguen a la justicia local y federal a perseguir, procesar y castigar a este personaje que tanto daño ha hecho a la entidad.

Ese es el problema. Porque hemos visto los resultados de la negociación política. Porque al final, todos están embarrados y se conocen los lados flacos y las complicidades corruptas con indeseables. Ahí tiene usted la “condena” penal a Javier Duarte de Ochoa, que más bien es una burla más a la ciudadanía en México. Esa sentencia es el resultado de esas negociaciones que hacen que estos delincuentes de cuello blanco se exhiban detenidos pero sonrientes.

¿De qué se ríe Javier Duarte? De nosotros. ¿Se reirá Graco cuando lo detengan? No, esperen. Primero habría que preguntarse, ¿lo detendrán? Pero el tabasqueño no lo hizo solo. Están sus secretarios y secretarias, al menos la mitad de ellos se han hecho millonarios a costa de los negocios que realizaron con el erario público. También los diputados que lo acompañaron. Sólo basta mencionar algunos nombres: Andrik Ruiz de Chávez, Sergio Beltrán Toto, Juan Carlos Valencia Vargas, Jesús Capella Ibarra, Topiltzin Contreras MacBeat, por mencionar a algunos de ellos.

El gobierno de Cuauhtémoc Blanco está obligado a realizar investigaciones a fondo para sustentar denuncias penales o administrativas que obligue a estos personajes a rendir cuentas. Pero al mismo tiempo, debe dejar en claro cuáles serán los mecanismos que garanticen que esto que acabamos de vivir no se volverá a repetir. No hacer nada es ser cómplice y si el gobierno actual no cumple, la ciudadanía es la única que puede hacer algo, pero no debe esperar a que llegue la elección de 2021. ¿Cómo? Reconstruyendo un movimiento social que acompañe al nuevo gobierno y le recuerde siempre que se debe a la gente. Ojalá eso resurja en este Morelos tan pulverizado por la lucha de intereses. Abramos el debate serio y comencemos a trabajar.