Pobreza y violencia, fracaso del sistema

Los gobiernos en México han tenido múltiples oportunidades para resolver los problemas del país. Carlos Salinas de Gortari dijo que México entraría al primer mundo en 1994, particularmente luego de sus reformas constitucionales para el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. No ocurrió. Al contrario, el campo está en las peores condiciones de los últimos 100 años debido justamente al TLC.

Este miércoles el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval), dio a conocer la más reciente evaluación de la pobreza en el país y la conclusión es que las reformas de Vicente Fox Quesada (no hubo muchas, pero hubo), Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto (impulsadas particularmente a través del Pacto por México, lo que implica que son reformas impulsadas por PRI, PAN, PRD y sus comparsas), simplemente han fracasado.

Según la investigación desarrollada por un grupo de académicos de distintas universidades patrocinados por el Coneval, la pobreza aumentó en 3 millones 900 mil personas, aunque según la información, 2 millones 900 mil personas dejaron la pobreza extrema. Suena complicado, pero según la propia información dada a conocer ayer, se han reducido la mayoría de las carencias sociales, pero el acceso a la seguridad social y a la alimentación todavía son carencias altas.

Las cifras del aumento de la pobreza son recurrentes y no hemos tenido ninguno en los últimos 30 años que nos diga que la miseria disminuyó. Y sin embargo, los gobiernos de distintos signos políticos, PRI y PAN a nivel federal y todos los demás a nivel local, siguen aplicando los mismos esquemas para supuestamente tratar de reducir la pobreza. Es claro que no funcionan y al final son simplemente un fracaso. Se aplican ajustes al gasto público, se focalizan los programas sociales y se reduce la acción del Estado ante los problemas sociales. Y sin embargo no combaten la pobreza, al contrario, la acrecientan.

En materia de violencia, de la llamada inseguridad, los gobiernos panistas, particularmente el de Felipe Calderón Hinojosa, sacó al Ejército mexicano a las calles con el supuesto objetivo de combatir al narcotráfico, pero 10 años después de esto, la situación no ha mejorado. Si en 2006 los índices de homicidios dolosos iban a la baja hoy están más altos que nunca. La presencia del Ejército en las calles no ha detenido la escalada violenta, más bien ha multiplicado la violación a los derechos humanos de civiles.

Si en materia de combate a la pobreza, los gobiernos han tenido más de 30 años repitiendo los fracasos, en el ámbito de la seguridad pública en sólo 10 años, las estrategias seguidas por Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto han colocado al país en procesos que nos están llevando a perder una generación y probablemente más. Las más de 150 mil personas asesinadas y los más de 35 mil desaparecidos son los signos más elocuentes y dolorosos de la tragedia humanitaria que vive el país.

Los argumentos para aplicar las medidas de ajuste económico y de militarización son los mismos que al principio. En materia económica es el neoliberalismo que convierte todo en mercancía, incluida la vida humana. En materia de seguridad es el militarismo que advierte que todas las policías están infiltradas y no funcionan. El neoliberalismo no nos ha sacado de las múltiples crisis que han hundido cada ciclo al país. El militarismo no ha resuelto el problema en 10 años, las policías siguen infiltradas, ahora el ejército parece más cerca de estar infiltrado. Ambas “soluciones” son un fracaso y los costos los pagan los ciudadanos.

Si cualquiera que llegue al gobierno en el próximo ciclo, insiste en aplicar las mismas medidas, en seis años probablemente ya no tengamos país, o sigamos lamentándonos por las pérdidas del último ciclo. Por lo pronto, gobiernos de PRI y PAN a nivel federal han fracasado en estos ámbitos y no lo admiten. Ahí tiene usted a los mayores neoliberales como candidatos de PRI y PAN-PRD, los mismos que apoyaron la militarización en la Ley de Seguridad Interior y las reformas del Pacto por México.

El problema es que ni siquiera se ve claramente la postura de Andrés Manuel López Obrador frente al tema de la seguridad pública. Según su propuesta hecha libro, no rechaza la militarización ni plantea una ruta para regresar los militares a sus cuarteles así sea de forma paulatina. El horizonte no es nada halagüeño.

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